
Ezequiel Vázquez Ger
En América Latina se pueden observar hoy dos modelos de desarrollo muy diferentes entre sí: aquel que toma como piedra angular la libertad económica dentro de un contexto jurídico que protege los derechos de propiedad; o el de la vía populista, en el cual la creciente intervención del estado en la actividad económica así como también en las libertades políticas e individuales terminan por reducir los potenciales de crecimiento económico, generando mayor pobreza y debilitando las instituciones del país. A continuación compararemos ambos caminos en dos casos específicos: Chile y Argentina.
Chile comenzó a partir de 1985 un proceso de crecimiento que le permitió duplicar su producto bruto per capita en un plazo de 10 años. Dicho proceso se basó en la apertura comercial, la liberalización financiera dentro de un marco regulatorio prudente, la consolidación fiscal y la estabilización de la inflación y la estabilidad de las políticas económicas implementadas por largos periodos de tiempo junto con una visión de crecimiento de largo plazo lo cual le dio credibilidad a las mismas. Sin embargo lo más interesante de dicho proceso es que el crecimiento económico observado en Chile se tradujo a dos áreas en importantes: en primer lugar, se observó una enorme reducción de la pobreza, la cual cayó del 45,1% al 13% en menos de 20 años. En segundo lugar, dicho crecimiento sostenido tuvo un impacto positivo sobre la calidad institucional y el fortalecimiento de la democracia. Los cambios de gobierno en Chile hoy en día no implican cambios profundos en la política económica, la cual sigue basada en los mismos principios.
En Argentina por el contrario, observamos una situación completamente diferente. La historia Argentina de los últimos 50 años nos muestra repetidos periodos de crecimiento económico artificial a causa de políticas fiscales y monetarias expansionistas, seguidos de profundas crisis económicas que desembocan generalmente en profundas crisis políticas. En Argentina, el ciclo económico tiende a ser tan profundo como el ciclo político. Los cambios de un gobierno a otro implican un cambio de 180º en la política económica, lo cual a su vez tiende a reducir las tasas de crecimiento económico debido a la inexistencia de una continuidad; a debilitar el marco institucional, la seguridad jurídica y en última instancia el sistema democrático.
Un claro ejemplo de esto es lo ocurrido entre la década del ’90 y la del 2000. Luego del frustrado intento de reformas de mercado de la década del ’90, el gobierno de los Kirchner ha incurrido en una creciente tendencia estatista, la cual además de intervenir directamente sobre las variables económica, ha presentado grandes amenazas para las libertades políticas y civiles de tosa la población, como es el caso con la Ley de Medios de Comunicación la cual atenta directamente contra la libertad de expresión; o la Ley de Partidos Políticos que tiende a limitar enormemente la actividad de los mismos.
Las soluciones mágicas a los problemas que nuestros países afrontan hoy en día no existen. Lo que si existe son principios que han demostrado ser efectivos para promover el crecimiento económico, la reducción de la pobreza y el fortalecimiento institucional. La clave consiste en aplicar políticas públicas orientadas al libre mercado, a la protección efectiva de los derechos de propiedad y de la libertad individual, políticas que contribuyan a una mejor asignación de los recursos generando así mayores tasas de crecimiento económico y gestando un circulo virtuoso que tienda hacia el desarrollo del país.
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