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(Español) El Último Tren

02:12 PM

EL ÚLTIMO TREN 
Ricardo Valenzuela

Esta mañana me levanté alegre experimentando una de esas euforias que solo invaden al portador cuando durante la noche ha soñado algo hermoso y muy inspirador. Supe de inmediato que ya estaba despierto al recibir la noticia del avance legislativo de la nueva “Reforma fiscal” que tanto se cacareó, y que tiene ahora mas parches que los pantalones del güero Colorado—famoso vaquero de mi abuelo en los 50—quien presumía portar material de por lo menos 15 diferentes orígenes desde mezclilla, gamuza hasta baqueta, combinación que provocaba un muy particular olor que hacía del güero un repelente humano.

Pude rescatar mi sueño en el cual visualizaba finalmente un México diferente, un México libre, un país al cual el mundo no temiera, admirara. Un país con una economía vibrante, de gente optimista con su futuro. Observaba en mi sueño un país con un ingreso per cápita de $45,000 dólares al año; una inflación de 3%; reservas internacionales de casi 200 billones de dólares; de pobreza casi inexistente y un desempleo que apenas alcanzaba un nivel “real” del 2%; un crecimiento sostenido de más de un 7%; una deuda que no alcanzaba el 30% del PIB; un superávit en el presupuesto de casi $35,000 millones de dólares.

Soñaba que nuestro país había escalado hasta el sitio #18 en el escalafón mundial del poder de compra de su gente; Su calidad de vida lo clasificaba # 26 del mundo; Su mercado bursátil había alcanzado un valor de 900 billones de dólares para situarlo como él # 9 del mundo; su expectativa de vida lo situaba como él # 3; su competitividad como él # 6; Su ambiente de negocios lo ubicaba # 12 al igual que su creatividad a nivel planeta. En mi sueño me preguntaba confundido ¿por qué? Y la única repuesta recibida era porque se había ubicado como el país # 1 del mundo en la escalera de libertad económica. 

Fue aquí cuando después de empujar mi primer trago de café, como el cochinito me caí de la cama y me puse a llorar. No eran los números de México sino los de Hong Kong revisados la tarde anterior. Me propuse entonces interpretar mi sueño. ¿Por qué había yo experimentado un sueño tan particular? La explicación que acepté, fue el gran impacto que hace años provocara en mí la carta que me dirigió Milton Friedman—también leída la noche anterior—recomendándonos un modelo a seguir y no era los EU, era Hong Kong. Afirmaba el Dr. Friedman con asertividad; “estás equivocado; EU durante los últimos 70 años ha seguido la ruta que México llevó a sus extremos; ahora el Estado controla más del 50% del ingreso nacional; su modelo debe ser el Hong Kong de los últimos 30 años.”

Ya antes había leído un escrito que comparaba el desarrollo de México, Hong Kong y Singapur. En los años 70 el trío era la letrina del mundo. Pobreza, corrupción, subdesarrollo narcotráfico, contrabando etc. Treinta años después, los países orientales son un ejemplo para el mundo. Singapur tiene inclusive niveles y calidad de vida superior a los de Hong Kong. Su economía durante los últimos 10 años ha crecido un promedio de casi 9%; mantiene una relación superávit/ PIB más alta del mundo; Una inflación de poco mas de 1%; su ingreso per cápita de casi $37,000 dólares y también superior al de Hong Kong; su mercado de valores supera los $300,000 millones de dólares. Me vuelvo a preguntar; ¿por qué? La respuesta la encuentro cuando descubro que Singapur está clasificado como el #2, después de Hong Kong, en la escala liberal económica.

Al estar analizando tales estadísticas descubro algo aun más impactante; Irlanda. Un país que hace sólo unos años era el hijo feo que escondía Europa, tiene ahora una calidad de vida superior a la de ambos Hong Kong y Singapur; su ingreso per cápita es de más de $35,000 dólares al año y el #14 del mundo. Durante los últimos diez años su economía ha crecido a un promedio superior al 9% anual. Su porcentaje de las exportaciones del mundo iguala al de México con un territorio de menos del 4% del nuestro. Su inflación promedio de los últimos diez años fue de un 2%. En competitividad así como en “ambiente para los negocios” y creatividad—en los tres renglones—es la #7 del mundo. Me pregunto de nuevo; ¿por qué? Adivinaron, en la escalera de libertad económica se ubica en el lugar #3 del mundo.

Surge la pregunta; ¿Y México? Aquí se inicia la revelación del gran misterio.” México ocupa nada menos que el #66 en la escalera de la libertad en un selecto grupo compartido con países tan distinguidos como Armenia, Botswana, Mali, Mauritius y Namibia.” Algún acelerado nacionalista se podrá ofender, pero ahí tenemos ese nuevo “repelente económico” que le llaman reforma fiscal como prueba. De ahí se desprende el que nuestro ingreso per cápita sea #55 del mundo y menos de la quinta parte del de Irlanda. En poder de compra seamos el #54; calidad de vida el #50. El promedio inflacionario durante la década de los 90 sea de casi 20%. Seamos el tercer país más endeudado del mundo; tengamos la segunda carga universal más pesada para servir esa deuda. 

Así como la nueva teoría de crecimiento de Paul Romer—a quien se le da como seguro ganador del premio Nobel el año entrante— afirma el que con un 0.5% adicional que la economía de los EU crezca en los siguientes 30 años, el ingreso per cápita de los americanos se dispara a más de $100,000 dólares al año; tiene también la otra cara de la moneda. Si México no crece a niveles “cósmicos” durante los siguientes años, nuestro ingreso per cápita—como ha estado sucediendo durante los últimos 30 años; se pulverizará. Aquí se aplica el ahora nuevo y ya famoso multiplicador político–económico de Valenzuela—Mansueti. Cometiendo los mismos errores, con los mismos “actores políticos”; ni siquiera peores; las consecuencias serán mucho más devastadoras por el efecto acumulado de las barrabasadas del Estado. Es decir; “este es el último tren.” 

Lo que acaba de suceder con la putrefacta reforma fiscal, es el último campanazo anunciando la partida del tren y nos va a dejar. Repito, insisto y subrayo; ya no hay otro, este era el de la media noche. El que el Congreso de Mao Maos que tenemos está a punto de cerrar el último candado al cofre que tan celosamente guarda nuestra soberanía, nuestro nacionalismo, nuestra igual parchada revolución pero sobre todo y más importante; Los intereses del establishment y el hambre de los mexicanos. Y ¿queríamos democracia, no? Pues ya la tenemos.

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A Bad Neighbor Policy

11:55 AM

jaime-daremblum



Jaime Daremblum

Given the challenges that President Obama faces in Afghanistan, Pakistan, Iran, Iraq, North Korea, China, and elsewhere, the fact that he has thus far neglected Latin America is hardly surprising or scandalous. Obama has committed several unforced errors in the Americas, however, most notably in Honduras, and his relatively weak performance has raised concerns about declining U.S. influence.

Obama’s Latin America policy has evolved through four stages. During stage one, Obama practiced what might be called Sally Field diplomacy (“You like me!”), marveling over his own popularity in the region while trying to make nice with both friendly and adversarial governments. The administration engaged Venezuela and stayed quiet as Hugo Chávez continued demolishing its democratic institutions. In a May 24 editorial, the Washington Post said of Obama’s Venezuela policy, “This may be the first time that the United States has watched the systematic destruction of a Latin American democracy in silence.”

The president also pursued olive-branch diplomacy with the Cuban dictatorship. Prior to April’s Summit of the Americas in Trinidad and Tobago, the White House announced a loosening of U.S. sanctions against Cuba–and got nothing substantive in return. Addressing the summit, Obama declared that his administration wanted “a new beginning with Cuba.” He did not attempt to refute Nicaraguan leader Daniel Ortega’s vicious and hysterical attacks on U.S. foreign policy, which had consumed nearly an hour of the summit’s opening ceremony. Instead, Obama stressed the need to move beyond “past disagreements” and “stale debates” in order “to build a fresh partnership of the Americas,” adding, “I’m grateful that President Ortega did not blame me for things that happened when I was three months old” (a reference to the Bay of Pigs affair).

If Obama believed that his personal charm and assurances of good will would be sufficient to sway Chávez and the Castro brothers, he was mistaken. Chávez remains as belligerent and dangerous as ever–consolidating an authoritarian regime at home and fomenting instability abroad. As for Cuba, a November 2009 Human Rights Watch report notes that the “machinery” of government repression on the Communist island remains “firmly in place and fully active.”

In the opening months of his administration, Obama missed a golden opportunity. He could have–and should have–used his enormous popularity to expand U.S. leadership in the hemisphere. Instead, the president made clear that he would defer to the Organization of American States (OAS) on regional disputes. Unfortunately, the OAS has been weakened by the poor stewardship of Secretary-General José Miguel Insulza, the corrupting influence of Hugo Chávez, and structural deficiencies that lead to operational paralysis. Insulza, a Chilean socialist, has pursued a strongly ideological agenda driven by left-wing politics. Meanwhile, Chávez has used economic assistance (namely, oil subsidies) to gain significant influence over the votes of more than half the OAS member countries, including Argentina, Bolivia, Ecuador, Nicaragua, Paraguay, and most Caribbean nations. As a result, the OAS, once the premier democratic forum in the Western Hemisphere, has lost much of its moral credibility and grown increasingly irrelevant.

The imprudence of Obama’s deference to the OAS became more apparent during stage two of his Latin America policy, which began after the June 28 arrest and exile of Honduran president Manuel Zelaya, a Chávez crony and aspiring autocrat who had committed constitutional violations as part of a failed power grab. The Obama administration immediately joined Insulza and other regional officials in denouncing Zelaya’s removal as an illegal military coup. As the rhetoric escalated, Costa Rican president Oscar Arias stepped in to mediate between Zelaya and the interim Honduran government. These negotiations failed to produce a resolution, mainly because of Zelaya’s intransigence and efforts to stoke a violent uprising.

When Honduran authorities did not restore Zelaya as president, the Obama administration imposed sanctions on the Central American country and announced that U.S. recognition of the November 29 Honduran elections was contingent on Zelaya’s reinstatement as president. The administration maintained that Zelaya’s removal from office was a coup against democracy. But in fact, as a report from the nonpartisan Congressional Research Service concluded, “the judicial and legislative branches applied constitutional and statutory law in the case against President Zelaya in a manner that was judged by the Honduran authorities from both branches of the government to be in accordance with the Honduran legal system.” The release of these findings made it difficult for the Obama administration to continue labeling the interim Honduran government a “coup” regime.

Stage three of Obama’s Latin America policy commenced in late October, when U.S. officials helped finalize a deal that established a provisional “unity” government and allowed the Honduran congress to determine Zelaya’s fate. Regardless of whether Honduran legislators chose to reinstall Zelaya, the United States agreed to accept the legitimacy of the November 29 elections. By shifting its stance on Honduras, the Obama administration signaled that it was embracing a more pragmatic approach to the crisis, and perhaps to the entire region. However belated the decision, President Obama and Secretary of State Hillary Clinton deserve credit for changing course.

The Honduran elections saw the conservative candidate, Porfirio Lobo, emerge victorious. The United States and several other Latin American countries–including Colombia, Costa Rica, Mexico, Panama, and Peru–have recognized his election as legitimate. But many other governments–including the pro-Chávez regimes and, more significantly, the governments of Brazil and Chile–have not. Shortly after the elections, Honduran legislators emphatically rejected the idea of returning Zelaya to the presidency to serve until Lobo’s inauguration in late January. The vote was 111 to 14.

Upon hearing news of the anti-Zelaya decision, Obama’s newly appointed assistant secretary of state for Western Hemisphere affairs, Arturo Valenzuela, told reporters, “We’re disappointed by this decision since the United States had hoped that Congress would have approved his return.” Unless Valenzuela was being disingenuous, his comment was inexplicable: After everything that has transpired, how could Zelaya be allowed to return to the presidency? Furthermore, prior to the 111-14 vote, Zelaya had said that he would refuse to be reinstated by the Honduran congress, so as not to validate the “coup.”

Valenzuela’s confirmation as senior U.S. official for the Western Hemisphere marked the beginning of stage four of Obama’s Latin America policy. His confirmation had been delayed for months by Republican senator Jim DeMint and some of his GOP colleagues who were incensed over Obama’s handling of the Honduran crisis. Valenzuela was finally confirmed by the Senate on November 5. At this point, it is unclear whether his elevation (he replaced veteran diplomat Tom Shannon, a Bush appointee) will have an appreciable impact on U.S. policy. Valenzuela’s comment on the anti-Zelaya vote was not encouraging.

President Obama deserves credit for changing his position on Honduras, for aiding Mexico’s war on the drug cartels, and for expanding military cooperation with Colombia. But he has not succeeded in getting the Democratic congressional majority to approve pending free trade agreements with Colombia and Panama. Moreover, his inattention to the region and assorted policy missteps have weakened U.S. influence and created a dangerous leadership vacuum that is being filled by Chávez and his allies, including Iran (which is collaborating with Venezuela on the development of nuclear technology) and Russia (which in recent years has signed bilateral arms deals with Venezuela worth more than $5 billion). If Obama really does want to construct “a fresh partnership of the Americas,” he shouldn’t waste any more time.

Jaime Daremblum, who served as Costa Rica’s ambassador to the United States from 1998 to 2004, is director of the Center for Latin American Studies at the Hudson Institute.

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(Español) El Cordero pascual

09:28 PM

El Cordero pascual
Liébano Sáenz

El Presidente ha renovado su gabinete a punto de iniciar la Pascua Navideña. El cambio más significativo ha sido la promoción del Secretario de Desarrollo Social, Ernesto Cordero a la Secretaría de Hacienda. También es trascendente la propuesta de Agustín Carstens para dirigir al Banco de México; releva a Guillermo Ortiz, un economista a quien se le acredita, con justicia, una aportación cardinal a la estabilidad macroeconómica del país. El Subsecretario de Economía, Heriberto Félix Guerra, es nombrado Secretario de Desarrollo Social y actualiza no sólo al gabinete, sino las opciones del PAN a la candidatura presidencial.

Es sano para el país el relevo generacional; es explicable la reserva de no pocos al respecto; el cambio genera incertidumbre y hasta resistencias. La duda que algunos tienen sobre los funcionarios designados no deben volverla certeza. Algunas de esas críticas están fincadas en la buena fe de quienes las formulan; en otros casos, afortunadamente los menos, las opiniones sobre Ernesto Cordero, Agustín Carstens y Heriberto Félix se basan en el prejuicio. Por ejemplo, si es el caso de que al Presidente lo animó designar a Félix Guerra responsable de la política social e impulsar una biografía con propósitos de ampliar las opciones sucesorias en su partido, de alguna forma repetiría lo que ocurrió en 1992, cuando el Presidente Salinas nombró al presidente del PRI, titular de la dependencia a cargo de la política social.

No hay razón válida para cuestionar la designación de Ernesto Cordero en la Secretaría de Hacienda. Es alentador y positivo que el Presidente de la Comisión de Presupuesto, Luis Videgaray, uno de los economistas más serios del PRI, dé la bienvenida al nuevo funcionario no sólo como actitud propia de la civilidad política, sino a partir de la convicción personal de que ha sido un buen nombramiento y de que habrá de dar buenos resultados para el país. La empatía generacional entre ambos políticos se traduce más que en buenas formas, en el ánimo de colaboración a partir del respeto y del interés compartido para el buen desempeño de la responsabilidad que a cada uno atañe.

Esta postura contrasta con la de los voceros del tricolor en el Senado. De manera interesada descalifican la designación presidencial bajo la tesis de que no tiene otra base que la amistad y la proximidad en el afecto, como si fuera una falta pertenecer al círculo cercano de los colaboradores del Presidente. El ascenso de Ernesto Cordero y su arribo a la cartera más importante del gobierno federal es el reconocimiento del Presidente a un colaborador que ha cumplido con su responsabilidad. Es explicable que la oposición en el Senado tenga sus reservas, pero esto no sólo tiene que ver con el prejuicio y el interés de cambiar las reglas para que el Presidente pierda la libertad de designar colaboradores: lo que está de por medio es una disputa a futuro, para que el mandatario que triunfe en las urnas en 2012, sea o no del PRI, tenga que entenderse con quienes dominen las Cámaras, sin importar la calidad del mandato. Una minoría, por su condición de fiel de la balanza, como ocurrió en 2006, puede ganar un espacio de influencia sin el aval del voto mayoritario de los mexicanos.

No es propio ni positivo para la colaboración entre poderes que el Senado anticipe sentencias de desempeño a los funcionarios del Poder Ejecutivo, no es ese el propósito de la división de poderes o el ejercicio responsable del pluralismo. En todo caso, lo que sería recomendable y hasta necesario, es poner sobre la mesa las verdaderas preocupaciones políticas que el país sí tiene, como es el uso partidista del presupuesto, la urgencia de una reforma hacendaria, el equilibrio en las finanzas públicas, la supervisión eficaz del sistema bancario para que cumpla sus responsabilidades con el desarrollo; en fin, política económica al servicio del Estado, no de un régimen o un partido.

Las credenciales de Agustín Carstens no son incompatibles con la autonomía del Banco Central. No es válido cuestionar la independencia del funcionario por haber servido como titular de la Secretaría de Hacienda. Habrá de recordarse que Guillermo Ortiz fue muy cuestionado al haber sido propuesto por el Presidente Zedillo; sin embargo, su desempeño fue ejemplar y sus buenas cuentas son ahora ampliamente reconocidas dentro y fuera del país. El Senado tiene el deber de verificar si el funcionario cumple con los requisitos de ley y si no tiene una incompatibilidad grave para desempeñar el cargo. La ratificación no debe ser empleada para determinar si el funcionario propuesto es ideológica o políticamente afín a la mayoría en el Senado, tampoco para presionar al Ejecutivo o lograr concesiones ajenas al proceso de ratificación.

La valoración sobre los funcionarios designados debe hacerse a partir de su desempeño. El PAN, en su condición de partido gobernante, respalda las designaciones. La oposición más que expresar sus reservas, debe hacer explícitas sus preocupaciones. Debe eludir el ataque personal al Presidente y a los designados y discutir sobre los temas de fondo y, eventualmente, las condiciones para lograr una reforma económica que sirva al país; el PRI así lo ha externado, también los gobernadores y diputados, falta que el Senado acredite su respeto al Ejecutivo y su voluntad de hacer realidad la reforma que el país requiere, no la de los intereses individuales o de grupo.

Cierto es que las designaciones en el gabinete complican el marco de la negociación para las reformas estructurales. Es preciso aprovechar los próximos meses para hacer realidad cambios importantes en materia económica, como bien pudo lograrlo el Senado en días pasados en materia de Ley de Amparo. Es preciso que la disputa por el poder en 2012 se dé no sólo a través de canales democráticos, sino en un entorno más favorable para el país en materia económica, seguridad y justicia social. No es razonable que los actores de peso político apuesten al desastre, al menos no lo es para un partido que ahora cree tener perspectiva de éxito para la próxima contienda presidencial.

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(Español) Y ganó Honduras

07:15 PM

Y ganó Honduras
Las elecciones disiparon las interrogantes sobre una victoria democrática del pueblo hondureño

Jaime Daremblum es director del Centro de Estudios Latinoamericanos del Hudson Institute en Washington D. C.
El pueblo acudió masivamente a las urnas el domingo pasado. La jornada fue pacífica. El resultado electoral fue claro y así lo constataron centenares de observadores internacionales. El candidato derrotado admitió su derrota. Si esta descripción correspondiese a la elección uruguaya que tuvo lugar el mismo día, ¿alguien la impugnaría? ¿Si hubiese sucedido en Costa Rica, Panamá o Chile, sería considerada inválida? Obviamente no. Y entonces, ¿por qué no habría de ser respetada la voluntad electoral, libremente expresada, del pueblo hondureño?
Tal es la pregunta fundamental que debe responderse la comunidad internacional, ahora que la interrogante que se planteaba antes de la elección, si sería limpia y participativa, ha sido contestada por millones de hondureños. Y es de hacer notar que acudieron a las urnas, desoyendo la petición expresa y repetida del depuesto mandatario Manuel Zelaya para que le demostrasen apoyo negándose a votar. Este, en un error estratégico más, convirtió la participación en los comicios en una especie de referéndum sobre la popularidad de su reclamo. Abstenerse de votar equivalía a mostrar apoyo por Zelaya, según este. Así las cosas, la masiva participación en la votación –más del 60 por ciento– evidenció que el expresidente solo cuenta con un apoyo popular reducido.
No hay duda de que habrá voces clamando por desconocer al gobierno resultante de la elección. Damos por descontados los gritos de Hugo Chávez, gran perdedor de la jornada, y de sus marionetas como Daniel Ortega, Evo Morales, Rafael Correa, así como algunos de los caribeños que canjean su apoyo por petróleo o petrodólares. No extrañaría que por la misma senda anduviese José Miguel Insulza, a la cabeza de una OEA cuya inoperancia en esta crisis ha sido manifiesta.
Gobiernos más serios, sin embargo, también dijeron, antes de la elección, que no reconocerían su resultado. Este es el caso de Brasil, por citar uno de la región. Tampoco se trata de que el criterio de Lula da Silva sea infalible y deba considerársele oráculo. Sus recientes abrazos con el fatídico Ahmadineyad muestran que a veces la vanidad geopolítica le gana al razonamiento sólido, al menos en su política exterior. En segundo lugar, la actitud de Brasil con las bufonadas de Zelaya en su embajada en Tegucigalpa ha sido errónea, sobre todo en relación con las obligaciones que imponen las normas diplomáticas.
Razonamiento débil. Pero, por encima de eso, la médula del razonamiento de Brasil y otros Gobiernos es que unas elecciones realizadas bajo un régimen que ellos conceptúan como ilegítimo, no pueden considerarse válidas. ¿Será así? En primer lugar hay que aclarar los hechos: las elecciones en Honduras no fueron convocadas por el gobierno de Roberto Micheletti. Estas ya estaban en curso cuando Zelaya perdió el poder. Sin embargo, fundamentalmente, el argumento de dichos Gobiernos tiene una gran falla: si esa regla se aplicase a rajatabla, entonces sería imposible admitir transiciones de gobiernos de hecho hacia regímenes realmente democráticos.
¿Acaso no volvió la democracia a Brasil con unas elecciones convocadas y realizadas por un gobierno militar? ¿Y no fue bajo la dictadura de Pinochet, que Chile tuvo las suyas? Similar es el caso de Argentina, Uruguay y muchos otros en América. Y también de algunos en Europa que hoy parecen olvidarlo. Por supuesto, a nadie se le ocurriría invalidar esos procesos por haberse originado bajo gobiernos de hecho. Hoy, la verdad es que resultaría muy difícil ignorar la voluntad expresada libremente por el pueblo hondureño. En ese sentido, acertó el presidente Óscar Arias al declarar que esa voz merece respeto, en una posición que ya habían adelantado Panamá y Perú, entre los latinoamericanos. Es muy probable que poco a poco la comunidad democrática así lo irá reconociendo en el futuro cercano.
Nada de esto quiere decir que el dilema por la situación hondureña quedará automáticamente resuelto con la elección. Pero ahora que el pueblo, soberano en cualquier teoría política respetable, ha hablado y lo ha hecho con claridad, será más difícil sustentar, al menos racionalmente, un aislamiento continuado de Honduras. Es hora de “des-zelayizar” las relaciones con Honduras, para que el pueblo hondureño pueda abocarse a enfrentar los enormes desafíos socioeconómicos y políticos que tiene por delante.

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